Mejorando nuestros errores
Si al aprender algo nuevo se encuentra con que está cometiendo errores, deténgase.
Está aprendiendo a admitirlos.
En tales circunstancias, la práctica resultaría peor y no mejor, y sus errores llegarían a ser “perfectos”. Vuelva a empezar, pero practique muy lenta y cuidadosamente, procurando evitar los errores.
Acelere nuevamente, pero por etapas, manteniéndose libre de fallas todo el tiempo. Cuando cometa un error, haga de inmediato una pausa o dos. No trate de llegar de un sólo intento a la velocidad fijada; tómese un descanso y haga algo diferente, aun cuando se encuentre a medio camino.
Esto se hace con el fin de que la saciedad (condición en la cual uno se siente satisfecho con su progreso y que no continuará, por haberse realizado el esfuerzo necesario para llevar a cabo la tarea del aprendizaje) y la inhibición (supresión o limitación de la conducta) no se establezcan e interfieran en un buen aprendizaje.
Sin embargo, la saciedad se puede usar para eliminar errores. Por ejemplo, algunos concertistas que interpretan las mismas melodías muchas veces descubren que los errores van penetrando gradualmente.
La práctica correcta no es buena para ellos, pues ya conocen la música. De ahí que practiquen sus errores una y otra vez. Después de cierto tiempo, la saciedad se establece y los errores se vuelven más difíciles de ejecutar que la versión correcta.
La atención, la aprobación, el afecto …
“La adulación puede llevarte a donde quieras”, decimos en forma petulante. Sin embargo, casi sin darnos cuenta estamos hablando del uso de tres refuerzos sociales poderosos: la atención, la aprobación y el afecto. Constituyen la aplicación del condicionamiento operante a la Vida social
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